En el borde del camino hay una silla,
la rapiña merodea aquel lugar.
La casaca del amigo esta tendida,
el amigo no se sienta a descansar:
sus zapatos, de gastados, son espejos
que le queman la garganta con el sol,
y a través de su cansancio pasa un viejo
que le seca con la sombra el sudor.

En la punta del amor viaja el amigo,
en la punta más aguda que hay que ver:
esa punta que lo mismo cava en tierra
que en las ruinas, que en un rastro de mujer.
Es por eso que es soldado y es amante,
es por eso que es madera y es metal,
es por eso que lo mismo siembra rosas
que razones de bandera y arsenal.

El que tenga una canción tendrá tormenta,
el que tenga compañía, soledad.
El que siga buen camino tendrá sillas
peligrosas que lo inviten a parar.
Pero vale la canción buena tormenta
y la compañía vale soledad.
Siempre vale la agonía de la prisa
aunque se llene de sillas la verdad.

Letra y música: Silvio Rodríguez.
Duración: 2:26.
Compuesta en 1969 a bordo del Playa Girón , pero editada por primera vez en 1986 como corte número 4 del álbum Causas y azares

Incluida también en:

Sueño de una noche de verano: Corte número 3 de este álbum en el que Katia Cardenal canta a Silvio.

Significado:

No encontré ninguna reseña del propio Silvio que explicase el significado de esta canción. Así pues, les propongo esta libre interpretación personal:

En "Historia de las sillas", Silvio Rodríguez nos habla de las dificultades que plantea el hecho de creer en unos ideales y defenderlos a ultranza a lo largo de la vida.

La primera estrofa nos plantea la existencia de un camino vital por el que Silvio pasea. A cada paso encuentra sillas peligrosas -pues merodea la rapiña- que le invitan a parar. Las sillas representan las tentaciones, a menudo adornadas de comodidad, para salirnos de nuestro camino. Pero Silvio ya muestra indicios de que prefiere seguir caminando antes que parar, a pesar de que los zapatos le quemen la garganta.

La segunda estrofa nos revela cuál es el camino elegido por Silvio. Y ese no es otro que el del amor. Un amor que tiene varias caras y que le puede convertir en soldado o en amante. En el primer caso por amor a una patria, a una bandera y, en el segundo, por amor a una mujer.

Todas las canciones de "Causas y azares" hablan de eso, de causas y azares. En esta ocasión, las causas se exponen en las dos primeras estrofas. En la tercera se plantean los azares, esto es, las consecuencias.

Y, efectivamente, Silvio plantea algunas consecuencias por haber elegido una vida basada en el amor, sin distracciones, sin incoherencias, sin fisuras.

Sus canciones son honestas, coherentes con su pensamiento y, por tanto, derivan en tormentas provocadas por aquellos que se sienten ofendidos. Ese camino basado en el amor crea un círculo de amistades en torno a él y, de igual modo, otro de enemistades que no dudan en dejarle solo. Y, en definitiva, su camino siempre estará lleno de sillas que le planteen otras verdades diferentes a la suya y, ahí, Silvio lo tiene claro: prefiere la agonía de la prisa antes que parar. Es decir, prefiere defender sus ideales aunque eso le lleve a la agonía que acogerse a verdades que le podrían hacer llevar una vida más cómoda, pero que nada tienen que ver con su forma de ver la vida.